Una conversación sobre cómo el oficio evoluciona hacia procesos más abiertos, multidisciplinarios y sensibles a las necesidades de cada contexto.
La arquitectura atraviesa una etapa de transformación en la que las nuevas formas de habitar, la tecnología, la sostenibilidad y la evolución de las ciudades están ampliando los límites de la práctica profesional. Para Bernardo Cantero, socio fundador de Grow Arquitectos, este escenario no supone abandonar los fundamentos del oficio, sino enriquecerlos con nuevas herramientas, perspectivas y formas de entender cada proyecto.
Con casi 25 años de trayectoria en México y experiencia en proyectos internacionales, Grow Arquitectos ha acompañado distintas etapas de cambio dentro de la industria. Ese recorrido ha reforzado en Cantero una convicción que atraviesa su manera de concebir la arquitectura: no existen fórmulas universales. Cada proyecto plantea condiciones propias y exige interpretar al cliente, la ciudad, el contexto, el clima y, especialmente, a las personas que darán vida a los espacios.
Esta visión cobra especial relevancia en un momento en el que la arquitectura incorpora inteligencia artificial, nuevas tecnologías y criterios de sostenibilidad, al mismo tiempo que busca responder a una demanda cada vez mayor por espacios más humanos. La transformación no ocurre únicamente en las herramientas, sino también en la manera de abordar, coordinar y desarrollar los proyectos.
En entrevista para Voces de la Industria, Bernardo Cantero profundiza en estos cambios y analiza cómo está evolucionando el papel del arquitecto hacia una figura capaz de articular disciplinas, conocimientos y necesidades diversas para construir respuestas integrales frente a una industria cada vez más compleja.
V.I.: Cada proyecto tiene sus propias particularidades. Desde tu experiencia, ¿cuáles son los principales retos al desarrollar un proyecto arquitectónico?
B.C.: Cada proyecto es un reto; cada proyecto es distinto. Cada cliente, cada ciudad y cada contexto del proyecto son distintos. También lo es el uso.
Actualmente, nos toca trabajar mucho el tema del uso mixto porque el aprovechamiento del valor de la tierra y de los recursos, así como minimizar distancias y generar experiencias y diversidad de actividades en un solo lugar, es lo más práctico y afín a la forma de vida actual.
Cada proyecto involucra desafíos y soluciones particulares en cuestión de funcionamiento y adaptabilidad al contexto, a la gente y al usuario final, porque muchos proyectos tienen diferentes usuarios.
Si hablamos del contexto del lugar, están también el clima, el asoleamiento, las cuestiones energéticas, la sustentabilidad y el aprovechamiento de la energía. Son cuestiones que nosotros tratamos de impulsar en los proyectos y que muchas veces se van incorporando como alternativas.
La experiencia, con el paso del tiempo, te va dando esa adaptabilidad y visión global; no hay una metodología para decir que todos los proyectos los trabajamos de una sola forma, con una misma solución o con un mismo estilo arquitectónico. Tenemos muy claro que cada proyecto ofrece y necesita una particularidad especial en todos los sentidos.
V.I.: ¿Cómo ha cambiado la manera de concebir y desarrollar proyectos arquitectónicos en México durante la última década?
B.C.: Hay un hito que sucedió y que todos conocemos: la pandemia.
Cambió muchas cosas en el estilo de vida, en la forma de ver, solucionar y comunicarnos, además de una serie de cuestiones de adaptabilidad.
A partir de ese hito, también tenemos este mundo global, con tantos cambios en las formas de vida, la digitalización, la posibilidad de recortar distancias y hacer más eficientes los tiempos y los recursos.
Quienes tuvimos la fortuna de vivir estos cambios no nacimos con las herramientas actuales. Nos tocó trabajar a mano, cuando las computadoras eran una cuestión muy básica, cuando dibujabas a mano y conceptualizabas las ideas en la cabeza y con un croquis.
Definitivamente, eso lo seguimos haciendo, pero también nos apoyamos en las herramientas y generaciones actuales.
Hay una mezcla de criterios y formas de trabajar que vienen desde conceptualizar con un croquis y, a partir de eso, desarrollar el proyecto con herramientas tridimensionales, inteligencia artificial y modelado.
El oficio del arquitecto, al menos particularmente en Grow, sigue existiendo desde el origen, con metodologías básicas que continúan vigentes como parte del proceso.
V.I.: ¿Cómo ha cambiado el trabajo colaborativo entre arquitectos, ingenieros, diseñadores y otras disciplinas?
B.C.: La base del trabajo sigue siendo la arquitectura y llevar un proyecto desde las fases iniciales de diseño hasta las fases de desarrollo y construcción para hacerlo realidad.
El trabajo tiene que estar coordinado con diferentes disciplinas. Hay nuevas disciplinas o estamos integrando disciplinas muy específicas porque ahora los temas de sustentabilidad, ahorro energético, estudios viales y otras cuestiones particulares del contexto del proyecto tienen mayor importancia.
El landscape, el hardscape y la iluminación toman un rol mucho más importante y prioritario en los proyectos.
El tema bioclimático y la relación entre espacios interiores y exteriores también adquieren mayor relevancia.
Todo esto genera una serie de asesores específicos que tienen que integrarse al proyecto, sobre todo cuando hablamos de proyectos que se integran a la ciudad mediante el uso mixto y estas nuevas tendencias.
El arquitecto se vuelve quien dirige la orquesta, pero tiene que tener una gran apertura hacia la integración y la asesoría de ingenieros y diseñadores. Además, las herramientas para comunicarse y coordinarse son mucho más fáciles de utilizar. El trabajo colaborativo, a partir de una plataforma y de un solo modelo en el que todos participan, hace que la integración de las diferentes disciplinas en un proyecto ejecutivo completo sea mucho más sencilla.
V.I.: ¿Qué tan difícil ha sido adoptar nuevas tecnologías, herramientas digitales e inteligencia artificial dentro de tu trabajo?
B.C.: Tengo dos formas de responderlo.
Para Grow, como firma de arquitectura, es una necesidad hacerlo todos los días. Se hace con las nuevas generaciones, tomando algunos cursos e incorporando nuevo software, herramientas y aplicaciones.
A mí, como persona, me cuesta un poco más de trabajo porque tienes que tener esa apertura y ese entendimiento, pero todavía no me suelto de esta parte del quehacer o de conceptualizar las primeras ideas en un croquis, un sketch, un papel y unos plumones. Decir: el terreno es este, los diferentes requerimientos del proyecto son estos y lo vamos a zonificar aquí.
Siento que el acompañamiento tecnológico de todas estas nuevas aplicaciones va de la mano cuando ya tienes una primera idea y empiezas a apoyarte en ella. Creo que ese es el mejor uso de las herramientas.
La inteligencia artificial no nos debe suplir; son herramientas para apoyar nuestro trabajo.
Ahora puedes introducir un terreno y empezar con datos de asoleamiento, clima, eficiencia energética o fachadas. Toda esa información inicial que antes empezabas a imaginar con el norte ahora la puedes obtener.
También la peatonalidad: puedes saber qué tienes a diez minutos caminando y, a partir de eso, empezar a tomar decisiones sobre los accesos, la fachada principal o el asoleamiento.
V.I.: ¿Cuál consideras que es el principal reto para integrar tecnología, eficiencia y estética dentro del proceso arquitectónico?
B.C.: Lo primero es la apertura y la colaboración.
La colaboración interna con diferentes arquitectos de la firma, jóvenes que traen todas estas ideas, este lenguaje y este aprendizaje desde otra perspectiva, y la colaboración externa con asesores específicos.
Como veo actualmente la arquitectura, el arquitecto es el director de la orquesta. Tú orquestas, vas diciendo y guiando el camino, pero tienes que tener una apertura completa a todos los temas, asesorías, especialidades y herramientas que acompañan el diseño actual.
Todo esto se suma también al cliente; nosotros trabajamos mucho para el desarrollo inmobiliario y la visión del desarrollador también es otra. Hay arquitectura, pero, desde luego, existe una visión de estrategia, de contexto, de generar espacios que se vuelvan una referencia en el lugar y también está el rol del negocio inmobiliario.
Tenemos que tener apertura para poder dar soluciones correctas a todos esos enfoques porque los proyectos no involucran solamente la parte estética o funcional.
También están el desarrollo, las fases y cómo se va a integrar y construir.
A veces nos tocan proyectos de corto, mediano y largo plazo en los que quizá no sabemos si nosotros seguiremos dentro del proyecto a largo plazo. Tienes que tener apertura hacia otras firmas y a trabajar con otros arquitectos.
Antes, si pensamos en las décadas de los sesenta o setenta, el arquitecto era la estrella del proyecto, la cara, el diseñador, el creativo y todo giraba alrededor de él. Actualmente no es así o no debe ser así: la figura del arquitecto es una guía, un director de orquesta.
V.I.: ¿Cómo puede innovar la arquitectura y, al mismo tiempo, mantenerse sensible a las necesidades reales de las personas y de cada proyecto?
B.C.: La arquitectura va innovando con diferentes situaciones: a través de herramientas, materiales, conceptos arquitectónicos, peatonalidad y humanización. Todos esos conceptos son los que hacen que puedas innovar en la arquitectura.
No te diría que solamente porque tengas un resultado estético atrevido estés innovando, ni porque sea el edificio más sustentable. La innovación está en muchísimos conceptos más y yo la priorizaría en el tema de humanizar la arquitectura un poco más.
Humanizar el encuentro entre las personas, la peatonalidad, los ambientes exteriores e interiores, hacer una arquitectura inclusiva, integradora con la ciudad y ordenada.
Desde luego, esto también depende de cuestiones de ordenamiento urbano y de las autoridades, que en México, desgraciadamente, van detrás del desarrollo inmobiliario. Son más reactivas que proactivas frente al desarrollo urbano y creo que ese es un punto que comienza desde las autoridades, en conjunto con los especialistas.
V.I.: ¿Cómo entiendes la sostenibilidad en la arquitectura más allá de la técnica o de obtener una certificación?
B.C.: No todo es tener una placa de certificación.
Definitivamente, es un gran punto, pero puedes poner la sostenibilidad en contexto desde la utilización de materiales de la zona y no traer, por ejemplo, el mármol del otro lado del mundo. También existen conceptos básicos como la selección de luminarios de bajo consumo, la reutilización de agua, los asoleamientos, la integración de tecnología para el control de los edificios, la eficiencia energética o incluso la generación de su propia energía.
La realidad actual es que eso también se traduce en una inversión inicial del proyecto por parte del desarrollo. Muchas veces, ese tipo de conceptos hay que saberlos acotar y entender hasta dónde llegar.
Como arquitecto, puedes plantear muchas ideas y tecnologías, pero siempre tienen que estar alineadas con la realidad del proyecto, la zona, el cliente final y la inversión. Lo ideal sería partir de conceptos como la materialidad local, asoleamientos correctos, sombras, corrientes de aire y ventilación natural. Son conceptos arquitectónicos que han existido toda la vida.
Ahora podemos llevarlos más a fondo y estudiarlos más. Ahí es donde veo que la inteligencia artificial, las aplicaciones y las herramientas ayudan mucho.
Antes lo imaginabas mediante estudios que hacías tú mismo sobre la ubicación del terreno, el recorrido del sol o las corrientes de viento; ahora las herramientas te lo dicen y empiezan a sugerir.
Puedes ir de la mano con la inteligencia artificial, modelando y apoyándote en ella como si tuvieras un asesor virtual que te va indicando las virtudes o defectos particulares desde la ubicación del terreno; pero los conceptos esenciales son los que han existido toda la vida. De ahí partimos.
V.I.: Desde tu perspectiva, ¿qué tendencias globales estarán más presentes en el futuro del diseño arquitectónico, particularmente en México y Latinoamérica?
B.C.: Es una pregunta difícil porque hay que diferenciar muy bien lo que es una tendencia y lo que es una moda.
Las tendencias deben ser más duraderas, arraigadas y contextualizadas. Pueden ir desde tonalidades, materiales y texturas hasta una tendencia de diseño.
Hay que saber diferenciar y entender cuáles realmente tienen duración y cuáles son modas. No me iría solamente a una serie de materiales o estilos arquitectónicos.
Si te fijas, todo lo que es más urbano, más humanizado, más adaptado a las personas y, sobre todo, incluyente e inclusivo, creo que es la tendencia principal. Si nos vamos al tema del diseño general, volvería a la palabra que mencioné antes: humanizar el diseño.
V.I.: A nivel personal, ¿qué te motiva a seguir explorando nuevas formas de pensar y hacer arquitectura?
B.C.: Todos estos cambios, la adaptabilidad y las tendencias que tenemos que tomar me parecen siempre un reto.
Cada vez que llega un proyecto nuevo es un reto distinto y sabes que te vas a enfrentar a situaciones muy particulares. No hay manera, al menos desde mi experiencia y la de Grow Arquitectos, de decir que todos los proyectos tienen un camino igual. Pueden ser similares en algunas cosas, pero cada proyecto es un reto nuevo.
Diseñar para otras ciudades y para otros países, que ya nos ha empezado a tocar, también implica conocer nuevas costumbres. Aunque sean países latinos, cada país tiene sus propias costumbres y diferencias.
Te enfrentas a un lienzo en blanco.
Pero tampoco todos los proyectos significan empezar con un terreno desde cero. Nos están tocando proyectos de renovación y de cambio.
Todo cambia a una velocidad cada vez mayor. Reutilizar estructuras, redensificar espacios o cambiar el uso de un edificio son temas importantes. Ya no se trata solamente de construir y construir edificios nuevos. Está también este tema circular de reusar, reutilizar y rediseñar.
También nos encontramos con edificios residenciales que siguen teniendo un uso residencial, pero que hay que modernizar, hacer más eficientes y llevar a espacios actuales, donde la gente vive en menos metros cuadrados y necesita espacios abiertos, coworking, home office y espacios privados.
Esa adaptabilidad, innovación y generación de ideas son necesarias porque cada proyecto es distinto.
V.I.: ¿Qué impacto te gustaría generar en la manera en que habitamos y experimentamos los espacios?
B.C.: Creo que hay que tratar de ir un poquito adelante de las cosas, ser más proactivo que reactivo. La arquitectura te da esa oportunidad con cada proyecto: adelantarte un poco y pensar.
Uno, como arquitecto, observa mucho. Viajar como arquitecto es una situación muy distinta porque te abre el panorama y vas mezclando y tomando ideas de todos lados.
Con la globalización actual, simplemente abres tu teléfono y puedes ver una serie de cuestiones que están haciendo en otros lugares, para bien o para mal.
También es muy importante saber detectar que no todo es para bien. Últimamente, cuando presentamos a un cliente un proyecto en las etapas iniciales, cierro con una lámina específica en la que ponemos lo que no queremos o lo que no debemos hacer. Ponemos dos o tres cosas particulares que, para ese proyecto, sugerimos desde el inicio que no deberían hacerse.
No se trata solo de definir lo que queremos, podemos y debemos hacer, sino también lo que no debemos hacer o hacia dónde no debemos acercarnos porque lo consideramos equivocado o riesgoso.
V.I.: Finalmente, ¿qué mensaje compartirías con quienes están construyendo el futuro de la arquitectura mexicana y con los lectores de Voces de la Industria?
B.C.: Sin duda, la arquitectura tiene mucho futuro. Hay mucho por hacer, mejorar, reutilizar y rediseñar en nuestras ciudades.
Como arquitecto, tienes que estar abierto a aprender, escuchar la crítica de los demás y ejercer la autocrítica en el trabajo y en el diseño. Es algo importantísimo que se aprende con el paso del tiempo.
El arquitecto también tiene que entender que se vuelve el orquestador, pero no es la estrella del proyecto. El trabajo es colaborativo y un proyecto exitoso tiene que incorporar las ideas y la innovación de varias disciplinas.
Diseñar para una realidad en constante cambio
La visión de Bernardo Cantero apunta a una arquitectura que evoluciona al ritmo de las ciudades y de quienes las habitan. Tecnología, inteligencia artificial y sostenibilidad abren nuevas posibilidades, pero el valor del oficio sigue estando en comprender el contexto y responder con soluciones pensadas para cada proyecto.
En ese futuro, humanizar será tan importante como innovar. Para Cantero, el arquitecto deja de ser una figura aislada para convertirse en un articulador de disciplinas, conocimientos y necesidades, capaz de transformar esa colaboración en espacios más relevantes para las personas y la ciudad.