La inteligencia artificial abre posibilidades sin sustituir visión, experiencia ni postura
Reconocido por su enfoque innovador en la arquitectura contemporánea, Julio Amezcua ha desarrollado proyectos que integran creatividad, funcionalidad y un profundo análisis del contexto urbano, aportando nuevas perspectivas al diseño y la construcción.
En Voces de la Industria, conversamos con el arquitecto mexicano Julio Amezcua sobre su trayectoria, las ideas que han dado forma a su práctica y los desafíos que hoy atraviesa la arquitectura frente a la sostenibilidad, la transformación urbana y el avance de nuevas tecnologías.
A lo largo de la entrevista, Julio Amezcua habló sobre la importancia de crear espacios que no solo funcionen, sino que también emocionen, así como de la necesidad de replantear los modelos educativos y de impulsar una arquitectura más consciente de los recursos naturales.
Además, compartió su visión sobre la inteligencia artificial, el papel del arquitecto en el futuro y el valor de la paciencia, la disciplina y el aprendizaje constante para las nuevas generaciones.
V.I.: Después de más de 25 años de trayectoria, ¿cómo describirías tu carrera y tu relación con la arquitectura?
J.A.: Creo que la carrera de arquitectura, más que una carrera, es una forma de vida; una forma en la que uno conoce el mundo, en la que uno se relaciona y, a la vez, la actividad que lleva de manera profesional.
Uno aprende con sus maestros, trabajando, generando oficio y estando involucrado con despachos, talleres y gente mucho más capaz que uno. Poco a poco vas aprendiendo.
Lo más padre de mi carrera ha sido la oportunidad de hacer proyectos muy diversos: culturales, sociales, privados, públicos, mercados, museos, casas de habitación, edificios de apartamentos y estaciones de bomberos.
En los últimos años me he dedicado mucho a estudiar la madera y las metodologías constructivas milenarias que se llevan a cabo en países como China, Japón y los países nórdicos. Creo que algo muy padre de esta vida de arquitecto es que la práctica y la teoría van de la mano.
V.I.: ¿Qué principios se han mantenido constantes en tu manera de entender la arquitectura?
J.A.: Desde el inicio ha existido un deseo profundo de hacer buena arquitectura. Para mí, la buena arquitectura tiene que responder principalmente a dos cosas.
Primero, que funcione; que sea un edificio respetuoso con su contexto, con los tiempos, los presupuestos, los materiales y la manera en que envejece.
Pero también está lo que hace la magia de la arquitectura: que el edificio te emocione. Al interactuar con él, tienes que sentir algo, te tiene que cuestionar o mover hacia algo. Si no genera ese efecto emocional, es una construcción.
La muy buena arquitectura te conmueve; hay lugares arqueológicos, históricos o contemporáneos que me han provocado una sensación de plenitud e incluso lágrimas. Eso es algo que me encanta de la arquitectura.
V.I.: ¿Cómo puede responder la arquitectura a los desafíos actuales de sostenibilidad y transformación urbana?
J.A.: Hay que entender muy bien la diferencia entre sustentabilidad y sostenibilidad.
Algo sustentable no únicamente se mantiene a sí mismo, sino que también da algo más a su contexto. Y lo sostenible es aquello que se sostiene con el tiempo.
Creo que estamos en un momento en el que todos tenemos que dar más antes de recibir. Durante muchos años, la construcción no daba, sino que quitaba.
Debemos entender que se están acabando el agua, la naturaleza, los bosques, las montañas y el respeto por la naturaleza; si no comprendemos eso, vamos a estar en un grave problema. Por eso me he movido hacia los prefabricados y hacia la madera, buscando recursos que sean renovables, sustentables y sostenibles en el tiempo.
V.I.: ¿Cuál es el principal reto para lograr ciudades más humanas y equitativas?
J.A.: El reto principal es la conciencia del ser humano.
Primero debemos conocernos y respetarnos a nosotros mismos y, a partir de ello, respetar a la comunidad y al medio ambiente.
Yo crecí en una generación en la que el tener era más importante que el ser; y a mí me parece que eso es un error filosófico. Lo más importante es el ser; después, el hacer y, después, el tener.
La arquitectura es una manifestación cultural sumamente importante. A todo el mundo le debería interesar un poquito la arquitectura.
V.I.: ¿Cómo ha evolucionado la educación arquitectónica y qué cambios son necesarios?
J.A.: Antes veía los planes de estudio mucho más completos de lo que los veo hoy. Mi padre, que también es arquitecto, sabía proyectar, calcular, diseñar y construir. Había una serie de disciplinas que hoy ya no tenemos.
Los modelos educativos están un poquito arcaicos, al igual que los materiales que se estudian. Por ejemplo, muy pocos aprendimos a calcular con madera. Creo que los planes de estudio deberían modificarse y creo que va a haber modificaciones.
V.I.: ¿Cómo puede proyectarse la arquitectura mexicana al mundo sin perder su identidad?
J.A.: A mí me gusta la buena arquitectura. México tiene una biodiversidad fantástica y un bagaje cultural inmenso. Es un país vastísimo y muy difícil de definir.
Eso de etiquetar las arquitecturas es más de los editores y de la gente que vende libros. Yo, donde vaya, voy a hacer arquitectura muy mexicana porque soy mexicano, porque tengo conocimientos e historia de mexicano.
Para mí hay arquitectura buena y arquitectura mala, punto.
V.I.: ¿Cómo ves la relación entre la inteligencia artificial, el diseño y la creatividad?
J.A.: Las tecnologías siempre me han encantado.
La inteligencia artificial tiene una velocidad impresionante, pero nunca va a tener lo que los seres humanos tenemos, que es una opinión. Tiene datos y registros, y te da resultados, pero no te da un punto de vista, y este es tan personal e individual como los seres humanos.
Le doy la bienvenida a la inteligencia artificial. La utilizo mucho y actualmente la estoy usando al inicio de los proyectos. Si nos ayuda a establecer una comunicación entre los equipos y los clientes, es bienvenida.
V.I.: ¿Cómo imaginas que cambiará el papel del arquitecto en los próximos años?
J.A.: Vamos a ver optimizaciones y muchas cosas nuevas. También creo que veremos cosas bastante feas construidas porque muchas veces la gente se deja llevar por cómo se ven.
No sé cómo será exactamente el futuro, pero la inteligencia artificial será una herramienta útil y práctica. No es algo que me preocupe.
V.I.: ¿Qué legado te gustaría dejar?
J.A.: No sé si en la arquitectura o como persona. Creo que ambas cosas están ligadas.
Algo que me apasiona es aprender; me encanta observar la naturaleza, las nubes, las plantas y los animales. Lo que me motiva es seguir aprendiendo y estar rodeado de la gente que amo.
Al final, lo más básico es lo que me interesa: tres comidas al día, dormir bien, hacer ejercicio y ver a mis amigos.
V.I.: ¿Qué mensaje te gustaría compartir con las nuevas generaciones y con la industria?
J.A.: Si le van a entrar a la arquitectura, es un tema de paciencia, disciplina y constancia. Todo es factible; pues cuando puedes imaginar algo, es porque se puede llevar a cabo. El creer es crear.
La inmediatez no existe y el triunfo de la noche a la mañana tampoco. Hay que trabajar y rodearse de la gente que uno admira.
Siempre les digo a los alumnos: copien, copien, copien. Va a llegar un momento en que lo van a entender y comenzarán a hacer algo que parezca suyo.
La pregunta para quienes quieren estudiar arquitectura es: ¿cómo quieres vivir? Porque ser arquitecto es una forma de vida muy plena, muy bonita, de mucho conocimiento, pero también dura, como todas.
La mirada de Julio Amezcua sobre el futuro de la arquitectura
La conversación con Julio Amezcua deja claro que la arquitectura va mucho más allá de los edificios. Para él, se trata de una forma de vida en la que la práctica, la teoría y el aprendizaje constante convergen para crear espacios capaces de emocionar y permanecer en el tiempo.
En un contexto marcado por la sostenibilidad, la transformación de las ciudades y la llegada de nuevas tecnologías, su postura es clara: la arquitectura debe responder con sensibilidad, paciencia y conciencia. Porque, más allá de los estilos y las tendencias, la verdadera arquitectura es aquella que funciona, conmueve y deja una huella en las personas.