Cada 16 de septiembre celebramos una independencia que ocurrió en 1810. Política, militar, de bandera.
Hubo otra, mucho más tardía y mucho menos celebrada, que ocurrió en concreto.
Durante casi toda su historia como país independiente, México siguió construyendo como Europa. Fachadas afrancesadas, órdenes clásicos importados, catálogos traídos de otro clima y otra luz. La independencia política no vino acompañada de una independencia arquitectónica.
Esa llegó en el siglo XX. Y un libro publicado este año en Nueva York se dedicó a documentarla.
El libro
Mexico Modern: Architecture and Interiors salió en febrero bajo el sello Rizzoli. Lo escribió Tami Christiansen y lo fotografió Richard Powers.
El proyecto nació durante la pandemia. Christiansen vivía en México, contactó a Powers, con quien había colaborado quince años antes cuando él vivía en Sídney, y organizaron un primer viaje para fotografiar proyectos en la Ciudad de México y Oaxaca. Después de esa primera visita, el fotógrafo quedó enganchado y quiso seguir. El libro terminó de armarse mientras ambos recorrían el país.
No es un catálogo de novedades. Es un intento de trazar una línea completa, desde los maestros del modernismo mexicano hasta los despachos que trabajan hoy.
Los que declararon la independencia
Powers explica que quiso dar contexto al diseño actual fotografiando también obra modernista anterior, y menciona tres nombres: Barragán, Legorreta, Hernández.
Esos tres, y su generación, son quienes hicieron el trabajo de fondo.
Luis Barragán demostró que el color no era decoración sino materia emocional. Ricardo Legorreta llevó esa gramática a la escala urbana y corporativa. Agustín Hernández Navarro construyó geometrías que no se parecían a nada que estuviera pasando en el mundo, empezando por su propia casa-estudio, Casa Praxis, en la Ciudad de México.
Lo que hicieron no fue estilístico. Fue técnico.
Entendieron que la luz mexicana es distinta a la europea y diseñaron para ella. Que el clima permite habitar el exterior buena parte del año y abrieron patios. Que los materiales locales, el barro, la cantera, el muro grueso, resolvían mejor el confort térmico que cualquier sistema importado.
Powers resume el resultado en una frase difícil de mejorar: la arquitectura mexicana moderna es convincente porque está construida para la luz, la sombra y la emoción.
Esa es la independencia. No copiar formas propias en lugar de ajenas, sino construir a partir de las condiciones reales del territorio.
Que la independencia siga vigente
La parte más importante del libro no son los maestros. Es que la línea continúa.
Junto a Casa Praxis aparecen obras contemporáneas: Casa Monte, de Carlos H. Matos, una vivienda orgánica de pequeña escala. Casa Alférez, la casa de descanso con carácter de fortaleza de Ludwig Godefroy. Casa Izar, de Taller ADG, en Valle de Bravo. Y la casa del artista Pedro Reyes y la diseñadora Carla Fernández en la Ciudad de México, que ocupa la portada de la conversación.
Distintas generaciones, distintos lenguajes, mismo principio: construir desde el lugar.
Powers admite que lo que más lo atrae es el brutalismo y los paisajes donde se insertan las casas, y señala que la casa Praxis de Hernández es de sus favoritas de todo el proyecto. Para un fotógrafo especializado en arquitectura e interiores, recorrer México resultó ser lo más cercano a un destino ideal.
El detalle incómodo
Vale la pena decirlo aunque no sea cómodo en una fecha patria.
El libro lo escribió una autora extranjera, lo fotografió un fotógrafo extranjero y lo publica una editorial de Nueva York a sesenta y cinco dólares.
No es un reproche a ellos. Hicieron un trabajo excelente y su mirada externa tiene valor propio.
Pero sí es una pregunta pertinente para la industria mexicana: por qué la documentación, la edición y la exportación de nuestro propio patrimonio construido siguen dependiendo, con frecuencia, de quien viene de fuera.
Construimos bien. Contamos mal.
Lo que este 16 de septiembre debería recordarnos
La independencia arquitectónica de México no se ganó con folclor. Se ganó con criterio técnico: orientación, materia local, clima, luz y una negativa a seguir importando soluciones que no correspondían al territorio.
Ese sigue siendo el único camino disponible.
Hoy la industria enfrenta una agenda de vivienda, infraestructura y digitalización de escala inédita. La tentación de resolverla importando modelos completos, sistemas, estándares y catálogos, va a ser enorme.
Barragán, Legorreta y Hernández ya demostraron que hay otra manera. Y los despachos que aparecen en las páginas de este libro están demostrando que sigue funcionando.
La independencia no se declara una vez. Se sostiene cada vez que alguien decide construir para este lugar y no para otro.
Referencias
Stathaki, E. (2026, 17 de febrero). 'Mexico Modern' has us longing to travel to the country's rich architectural landscapes. Wallpaper*. https://www.wallpaper.com/architecture/mexico-modern-architecture-and-interiors-book
Christiansen, T., y Powers, R. (2026). Mexico Modern: Architecture and Interiors. Rizzoli New York.