Pablo Pita y la casa que se estiró hacia el sol

07 Agosto 2026

En Oporto, sobre la Rua Sá da Bandeira, trabaja un estudio que hizo de la discreción un método.

 

Pablo Pita Arquitectos nació en 2010 como una sociedad entre Pablo Rebelo, nacido en Caracas en 1983, y Pedro Pita, nacido en Oporto ese mismo año. Ambos se formaron en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Oporto. El nombre del despacho, que parece el de una sola persona, son en realidad dos.

 

Su trabajo se ha construido entre encargos locales, casi siempre vivienda, y concursos internacionales. En 2017 la revista británica Wallpaper los distinguió como uno de los veinte estudios emergentes más relevantes del mundo, y entre 2022 y 2023 recibieron el premio Europe 40 Under 40 del Chicago Athenaeum.

 

Su método empieza siempre en el mismo lugar: la superposición entre el contexto y la idea. Primero el sitio. Después la arquitectura.

 

En las colinas del norte de Portugal, donde los viñedos del Duero ondulan sobre el relieve, ese método produjo una de sus obras más silenciosas.

 

Un muro que se vuelve casa

El terreno estaba delimitado por un muro de piedra tradicional que se pierde en el paisaje. Antes de desaparecer, ese muro forma el zócalo sobre el que se apoya la Casa Loivos.

 

Lo que había en el sitio no era mucho. Un antiguo lagar de aceite, una construcción secundaria que llevaba años en el olvido.

 

Ese lagar decidió la forma de todo lo que vino después.

 

La casa nueva ocupa exactamente la misma huella que la ruina anterior. Ni un metro más.

 

La planta quedó dividida en cuatro cuadrantes, y cada uno recibió un papel: la sala, la terraza, la piscina, el patio. Los arquitectos describieron la estructura, baja y extendida sobre la topografía, como algo “estirado como un gato al sol”.

 

Desde la calle no se ve casi nada. La escala real de la casa está escondida, y los muros de esquisto que la anclan al terreno agregan una capa de misterio.

 

Solo al entrar aparece el patio, y en el patio un olivo.

 

Bajar hacia el valle

La casa desciende con el terreno.

 

Arriba, la sala mira el río Duero. Un piso abajo, la cocina se abre con puertas corredizas hacia la terraza de la piscina. Más abajo todavía, cortadas contra la ladera, cuatro habitaciones modestas, dos baños, un almacén y una bodega de vino.

 

Todas las habitaciones miran el valle.

 

La piscina es profunda y de aspecto casi industrial. En su superficie se refleja un pino. Nada más. Los grandes paños de vidrio miran hacia el sur, valle abajo, lejos de miradas ajenas.

 

La materia prima sin disfraz

Piedra y madera afuera, para conservar el carácter de la ruina. Adentro, concreto aparente en bruto, acompañado de carpintería y escaleras de madera.

 

No hay nada más.

 

La casa fue pensada para habitarse de manera ocasional, y por eso está reducida al mínimo absoluto, por dentro y por fuera. Es una decisión, no una carencia.

 

Lo que se conserva no siempre se ve

Los arquitectos explican que la morfología de la ruina se mantiene. Se estabilizó, se reestructuró y se reconstruyó, pero sigue siendo la misma forma que llevaba décadas ahí.

 

Esa es probablemente la parte más difícil del proyecto y la que menos se nota.

 

Habría sido más fácil demoler y empezar de nuevo. Habría sido más rentable ocupar más superficie. Habría sido más vistoso inventar una forma propia en lugar de heredar la de un lagar.

 

La Casa Loivos no hizo nada de eso.

 

Se quedó donde estaba, con la forma que ya tenía, mirando el mismo valle que el lagar miró durante años sin que nadie lo notara. Lo único que cambió es que ahora alguien mira con ella.

Referencias

 

Bell, J. (2026, 2 de mayo). Pablo Pita transforms a forgotten Portuguese ruin into a private retreat with far-reaching views. Wallpaper*. https://www.wallpaper.com/architecture/residential/pablo-pita-arquitectos-duoro-portugal-house

 

Pablo Pita Arquitectos. (s.f.). Pablo Pita. https://www.pablopita.com/

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