Voces de la Industria: Aída Traconis y la importancia de mirar hacia dentro antes de diseñar

30 Octubre 2026

Una reflexión sobre el ego del arquitecto y las necesidades del cliente

La arquitecta mexicana y autora de Home Interior: cómo escuchar un espacio en tres niveles antes de diseñarlo reflexiona sobre la relación entre el autoconocimiento y el diseño. Su visión de la arquitectura sitúa a las personas, la empatía y el respeto por el entorno en el centro de cada proyecto.

“Humanos, quiere decir ser empáticos. Escuchar al otro”, afirma Aída Traconis Alcocer al hablar de aquello que considera esencial en la arquitectura.

Para ella, diseñar un espacio no consiste únicamente en resolver distribuciones, seleccionar materiales o alcanzar una composición estética. También exige comprender a las personas, reconocer las particularidades del lugar y aceptar que la visión del arquitecto no siempre debe prevalecer sobre las necesidades de quienes habitarán sus proyectos.

Nacida en Monterrey, Nuevo León, y egresada de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Yucatán, Traconis ha desarrollado una trayectoria profesional que integra arquitectura, interiorismo, paisajismo y construcción.

Desde 1998 dirige su propio despacho, Aída Traconis Arquitectos, desde donde ha participado en proyectos residenciales, educativos, corporativos y comerciales, entre otros. Su formación especializada en paisaje, diseño de interiores y sostenibilidad ha contribuido a definir una práctica atenta tanto a las personas como a las condiciones del entorno.

Esta visión también se encuentra presente en Home Interior: cómo escuchar un espacio en tres niveles antes de diseñarlo, su libro sobre la importancia de la escucha dentro del proceso creativo. La publicación parte de una inquietud personal que vincula la identidad de quien diseña con su manera de interpretar y transformar los espacios. En esta conversación, la arquitecta aborda el significado de su obra, la necesidad de reconocer los errores, el conocimiento de los artesanos y la responsabilidad de construir lugares que respondan a las expectativas y posibilidades de sus habitantes.

V.I.: ¿Qué experiencias de tu trayectoria te llevaron a escribir Home Interior: cómo escuchar un espacio en tres niveles antes de diseñarlo y cuál es la principal reflexión que buscas compartir con quienes diseñan y habitan los espacios?

A.T.: Siempre había tenido la inquietud de escribir un libro, incluso varios, porque también me gusta mucho la escritura. Para mí era importante encontrar una narrativa que me permitiera expresar esa relación que existe entre mi persona y la arquitectura. Quería descubrir qué había dentro de mí que pudiera compartir a partir de mi experiencia profesional.

 

Cuando comencé a escribir, me di cuenta de que el legado arquitectónico que existe y que voy a dejar tiene mucho que ver con el interior de una persona, con lo que somos como creadores y diseñadores. Fue una reflexión importante porque me permitió reconocer esa conexión entre mi manera de entender la vida y aquello que desarrollo profesionalmente.

 

De esa inquietud nació el libro. Me interesaba encontrar una forma de expresar esa relación personal con la arquitectura y reconocer la importancia de nuestro interior en lo que hacemos.

V.I.: En tu propuesta hablas de escuchar antes de diseñar. ¿Qué suelen pasar por alto los arquitectos e interioristas cuando comienzan un proyecto sin realizar ese ejercicio?

A.T.: Creo que una de las partes más difíciles es aprender a escucharnos a nosotros mismos. No es sencillo reconocer cuando algo no está bien o aceptar que debemos mejorar determinada decisión. También necesitamos tener la apertura para decir que el cliente tiene razón y que quizá nuestra propuesta no es la más adecuada.

 

“Entonces es como matar también tu ego como diseñador y arquitecto”. Es un aprendizaje que lleva años porque el ego también es parte de nosotros, pero en ocasiones se convierte en un conflicto. Como diseñadores podemos querer imponer una idea porque nos gusta o porque estamos convencidos de que es la mejor, cuando en realidad debemos comprender lo que necesita el cliente.

 

Para mí, lo importante es escuchar a la persona que solicita mis servicios y encontrar una síntesis entre sus necesidades y lo que podemos desarrollar. Hay que saber reconocer los errores, aceptar otras opiniones y entender que no siempre tenemos la razón.

 

Esa apertura es fundamental. No se trata de renunciar a nuestro conocimiento, sino de utilizarlo para encontrar una solución que realmente responda al proyecto.

V.I.: Has mencionado la ternura como uno de los principios que acompañan tu trabajo. ¿Qué significa incorporar ese sentimiento al diseño arquitectónico?

A.T.: Hay algunas palabras que forman parte de mi manera de entender la arquitectura, como ternura, tierra, piedra, creatividad y arte. Para mí, la ternura significa cuidado, significa el cariño que tenemos hacia el espacio y hacia el cliente. Es algo que considero indispensable cuando desarrollamos un proyecto.

 

“El cliente, para mí, mi servicio es escuchar a mi cliente y llegar a esa síntesis”. Esa es una parte fundamental de mi trabajo, porque entiendo la arquitectura como un servicio. Estamos haciendo algo para otra persona y debemos recordar que nuestro conocimiento está destinado a ayudarla.

 

A veces mi equipo me comenta que determinada actividad no está dentro de los alcances del proyecto. Entonces trato de recordarles que estamos prestando un servicio y que debemos pensar en quién será el beneficiario de nuestro trabajo.

 

Para mí es algo muy natural porque disfruto muchísimo lo que hago. Me gusta atender a mis clientes y saber que están satisfechos con el resultado. Incluso algunos me han comentado que sienten el cariño que pusimos en el espacio y que perciben que fue realizado con el corazón.

 

Eso me produce mucha satisfacción porque significa que el cuidado que dedicamos al proyecto también se refleja en la experiencia del cliente.

V.I.: Más allá de la estética y las tendencias, ¿cómo puede el diseño de interiores responder a la personalidad, las necesidades y las formas de vida de quienes habitan un espacio?

A.T.: Todo comienza con la escucha y la observación. Tenemos que abrirnos a la otra persona y colocarnos en segundo plano para comprender qué necesita, qué le gusta y cuáles son sus expectativas.

 

En ocasiones, el cliente llega molesto o preocupado por alguna situación, pero debemos entender que no necesariamente tiene que ver con nosotros. Las personas atravesamos momentos diferentes y parte de nuestro trabajo consiste en mantener esa apertura para escuchar.

 

También creo que muchas veces los arquitectos y diseñadores no escuchamos lo suficiente. Estamos concentrados en nuestras ideas y podemos dejar de prestar atención a lo que realmente está solicitando el cliente.

 

Sin embargo, escuchar tampoco significa decir que sí a todo. Si una persona quiere desarrollar algo que no corresponde con su inversión, tenemos que explicárselo. No pasa nada por hablarlo con claridad. El diálogo permite intercambiar ideas, revisar posibilidades y evitar problemas posteriores.

 

Pienso que los espacios deben ser más humanos, pero no se trata solamente de utilizar esa expresión para describir nuestros proyectos. “Humanos, quiere decir ser empáticos. Escuchar al otro”.

 

También debemos escucharnos a nosotros mismos, reconocer nuestras limitaciones e incorporar a otras personas cuando necesitamos conocimientos que no tenemos. Si hay algo que no domino, puedo buscar a un especialista que me ayude. Eso permite formar equipos con distintas disciplinas y encontrar mejores soluciones.

V.I.: A lo largo de tu trayectoria has desarrollado proyectos de distintas escalas. ¿Recuerdas alguno en el que la relación con el cliente haya sido especialmente importante para definir el resultado?

A.T.: Para mí, todos mis proyectos son mis bebés. Así les digo, y hasta los clientes bromean conmigo cuando terminamos una obra. Me dicen que ya se va mi bebé porque saben el cariño que le tengo.

 

En el despacho desarrollamos proyectos que también llevamos hasta su construcción, así que para mí es muy importante verlos concluidos. No quiero que todo se quede solamente en una filosofía o en una metodología, sino que aquello que pensamos realmente pueda materializarse.

 

Todos mis proyectos tienen algo especial. Desde luego, puede haber alguno más consentido, pero eso también tiene mucho que ver con la afinidad que se establece con el cliente y con la relación que construimos durante el proceso.

 

He encontrado clientes cada vez más abiertos y bondadosos, pero también considero que esa relación depende mucho de nosotros como diseñadores. Tiene que ver con la manera en que atendemos a las personas, cómo las escuchamos y cómo les ofrecemos nuestro servicio.

V.I.: Buena parte de tu trabajo se desarrolla en Yucatán, donde el clima influye directamente en las decisiones arquitectónicas. ¿Cómo encuentras el equilibrio entre la estética, el confort y las soluciones bioclimáticas?

A.T.: Una de las metodologías que utilizo es el diseño bioclimático. Para mí es muy importante considerar las condiciones del entorno desde las primeras etapas del proyecto, aunque también debemos tener la disposición de revisar nuestras decisiones y corregirlas cuando sea necesario.

 

En alguna ocasión hemos terminado un anteproyecto y, al revisarlo, encontramos que no habíamos considerado adecuadamente una condición de ventilación, como un viento fuerte que viene del poniente.

 

Cuando eso ocurre, hablo con el cliente y le explico que encontramos un detalle que debemos corregir. Creo que es importante tener la fortaleza para reconocerlo y no aferrarnos a una propuesta solamente porque ya está terminada.

 

También debemos considerar los materiales de la región, aprovechar la iluminación natural y los vientos, controlar el asoleamiento y prestar cada vez más atención al consumo de agua.

 

Son aspectos que tenemos muy presentes cuando comenzamos a diseñar. En Yucatán trabajamos con condiciones climáticas particulares y necesitamos comprenderlas para desarrollar espacios que respondan adecuadamente al entorno.

V.I.: En tus obras también has incorporado materiales tradicionales, como el chukum, a partir del conocimiento de trabajadores y artesanos. ¿Qué importancia tiene esa colaboración?

A.T.: Tengo mucho contacto con los alarifes y albañiles porque considero que tienen conocimientos muy valiosos. El chukum, por ejemplo, comencé a utilizarlo hace más de quince años, cuando todavía no era un material que estuviera de moda en los proyectos que desarrollábamos.

 

Recuerdo que les preguntaba a los trabajadores si conocían algún material de sus pueblos que pudiéramos incorporar, algo que tuviera un carácter más artesanal y que estuviera relacionado con las técnicas de la región.

 

En una de esas conversaciones me propusieron hacer espejos de agua con chukum. Les pedí que me explicaran cómo funcionaba y, a partir de ahí, comenzamos a integrarlo a nuestras obras.

 

Para mí, esa comunicación con los trabajadores es muy importante porque nos ayuda a concretar los proyectos y también nos permite aprender de sus conocimientos.

 

Hay una sabiduría ancestral que debemos valorar. No todo lo aprendemos en la universidad o en los cursos especializados. Las personas que conocen los materiales y los oficios tradicionales también pueden enseñarnos muchísimo.

V.I.: Tu formación también comprende la arquitectura del paisaje. ¿Qué aporta esta disciplina cuando la vegetación y el entorno natural se integran al diseño?

A.T.: Mi formación en paisaje me ha ayudado muchísimo porque me permite comprender mejor la relación entre los espacios construidos y la naturaleza.

 

En Mérida tenemos una paleta vegetal muy bonita. Estamos en una región con características de selva y contamos con árboles que tienen flores y especies que podemos aprovechar dentro de los proyectos.

 

Todo ese conocimiento se va incorporando a nuestra manera de diseñar. Aprendemos a observar la vegetación y a reconocer las posibilidades que ofrece cada lugar.

 

Sin embargo, también tenemos la responsabilidad de continuar preparándonos. Hay que estudiar, tomar cursos y conocer nuevas soluciones que puedan enriquecer nuestro trabajo.

 

“El saber o el aprender nunca tiene límites”. Por eso considero tan importante mantener esa inquietud por seguir aprendiendo, independientemente de los años que llevemos ejerciendo la profesión.

V.I.: ¿Consideras que la relación entre arquitectura, paisaje y sostenibilidad adquiere una importancia particular en la península de Yucatán?

A.T.: Creo que debería tener importancia en todos los estados, no solamente en Yucatán.

 

Cuando conocemos el trabajo de arquitectos, diseñadores y biólogos de otros países, encontramos una preocupación por el cuidado de las playas, la reducción del uso de plásticos y el consumo responsable del agua.

 

Como arquitectos tenemos la responsabilidad de mejorar constantemente nuestros diseños y mantenernos actualizados sobre las soluciones que pueden ayudarnos a aprovechar mejor los recursos.

 

Por ejemplo, debemos conocer alternativas que permitan reducir el consumo de agua y prestar más atención a los materiales y a los residuos que generamos.

 

La sostenibilidad también implica comprender que formamos parte de un ciclo, donde debemos aprovechar lo que tenemos y evitar generar basura en exceso. Es una manera de entender la relación entre los distintos elementos de un ecosistema.

 

Creo que esa responsabilidad debería estar presente en la arquitectura independientemente de la región en la que trabajemos.

V.I.: Tu estudio integra arquitectura, interiorismo y construcción. ¿Cuáles son los principales desafíos para conservar la intención original de un proyecto frente a las limitaciones de presupuesto, materiales y ejecución?

A.T.: Una de las primeras preguntas que hago cuando llega un cliente es cuánto tiene previsto invertir. Para mí es indispensable conocer esa información desde el principio porque permite establecer una conversación realista sobre lo que podemos desarrollar.

 

Una persona puede querer una casa como la que vio en una revista, con determinadas dimensiones y acabados, pero contar con una inversión mucho menor de la que necesita para construirla.

 

Entonces, con mucho respeto y cuidado, le explico cuál sería la inversión necesaria para una vivienda de esas características.

 

“Porque es como un respeto hacia mí, hacia el cliente y hacia la profesión”. No podemos avanzar con todo el diseño y después decirle que la obra costará el triple de lo que esperaba.

 

Imagínate lo que significa para una persona recibir esa noticia cuando ya tiene tantas expectativas depositadas en su casa. Es un golpe muy fuerte y creo que debemos evitarlo.

 

Por eso siempre regreso a lo mismo: escuchar, observar y preguntar. El diálogo debe comenzar desde el principio para que el cliente conozca sus posibilidades y pueda tomar decisiones.

 

La arquitectura nos enseña muchas cosas durante nuestra formación, pero cuando comenzamos a ejercer comprendemos que también asumimos compromisos muy importantes con las personas.

 

Yo siempre pienso qué voy a ofrecerle a mi cliente y qué quiero que se lleve de esa experiencia. Quiero que pueda vivir plenamente en su casa, y para lograrlo necesitamos mantener una comunicación clara y honesta durante todo el proceso.

V.I.: Para cerrar, ¿qué mensaje te gustaría compartir con los arquitectos, interioristas y diseñadores sobre la importancia de mirar hacia su interior y reconsiderar su manera de ejercer la profesión?

A.T.: “Que se fijen más en ellos y en su interior y no le den tanto tiempo al exterior. Que no busquen tantos likes. Todo está adentro”.

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