Claves para reducir riesgos, costos y tiempos desde etapas tempranas
José Antonio Cadena González es ingeniero estructural y cofundador del despacho G50 Ingeniería Estructural, con licencia para ejercer tanto en México como en Estados Unidos.
La firma, fundada en 2018 en Puebla, México, ha desarrollado proyectos residenciales y verticales en ciudades como Veracruz, Monterrey, Guadalajara y Querétaro. En 2025 abrió una sede en Texas, donde actualmente desarrolla, principalmente, proyectos residenciales.
Al mantenerse en contacto con colegas mexicanos y estadounidenses, Cadena ha logrado ampliar su panorama en cuanto a clientes, materiales, sistemas constructivos y normativas estadounidenses. Asimismo, ha aprendido de distintas metodologías de diseño e ingeniería que le han permitido evolucionar y hacer crecer la firma en Estados Unidos y Canadá.
Su objetivo, a corto y largo plazo, es consolidarse como un referente en ingeniería estructural y contribuir al posicionamiento del talento mexicano entre los mejores del mundo.
Como parte de Voces de la Industria, sección dedicada a conversar con referentes y especialistas de la industria de la construcción para profundizar en los temas, retos y tendencias que están transformando al sector, entrevistamos a Antonio Cadena para conocer su perspectiva sobre el papel de la ingeniería estructural en el desarrollo arquitectónico, así como su importancia para garantizar construcciones más seguras, eficientes y duraderas.
V.I.: ¿Qué es la ingeniería estructural y cuál es su importancia para la construcción hoy en día?
JACG: La ingeniería estructural ayuda a convertir una idea arquitectónica y constructiva en una realidad segura, confiable, funcional y eficiente. Es la disciplina de la construcción encargada de garantizar que una edificación resista y se desempeñe adecuadamente ante cargas vivas, muertas o accidentales, como el viento o los sismos, durante toda su vida útil.
Se trata de un proceso que incluye cuatro fases:
1.- Conceptualización o estructuración: consiste en la estructuración de una construcción; es decir, pensar dónde se ubicarán las posibles columnas y vigas, definir espesores y establecer otros aspectos preliminares para la creación de un inmueble.
2.- Análisis: se trata de la simulación del comportamiento de una estructura bajo las condiciones que se le asignan, se modela y evalúa cómo responde la estructura ante las cargas, obteniendo fuerzas internas, esfuerzos, deformaciones y desplazamientos.
3.- Diseño: con los resultados del análisis se definen las secciones reales, columnas, materiales y demás elementos estructurales necesarios para lograr el armado interno de un desarrollo arquitectónico.
4.- Planos: son el resultado de las tres etapas anteriores. En ellos se representa todo el proceso de ingeniería estructural mediante planos, manuales o instructivos para ejecutar la obra, con especificaciones de materiales, dimensiones, ubicación de elementos y demás información necesaria.
V.I.: ¿La ingeniería estructural se utiliza únicamente en proyectos grandes o puede emplearse también en pequeños desarrollos, como casas o restaurantes?
JACG: La ingeniería estructural se puede aplicar en todo tipo de proyectos. De hecho, tiene un impacto bastante positivo en aquellos de pequeña escala porque, al contar con presupuestos y tiempos más reducidos, este proceso ayuda a disminuir riesgos y evitar costos adicionales.
En las casas habitación, los diseños pueden ser complejos porque los arquitectos tienen mayor libertad para desarrollar su imaginación y creatividad.
Sin embargo, esto también representa un reto, y es ahí donde la ingeniería estructural ofrece distintos tipos de soluciones para aterrizar la arquitectura y lograr que sea funcional y eficiente.
V.I.: ¿La optimización estructural en edificios verticales tiene un impacto directo en el costo y el tiempo de obra?
JACG: La optimización estructural busca hacer más eficiente el uso de los materiales de construcción, elegir un sistema constructivo adecuado para cada proyecto, ahorrar tiempo y generar un impacto positivo en los costos.
En un edificio alto, por ejemplo, elegir una losa o una viga adecuada y replicar esa decisión en todos los niveles puede traducirse en una solución eficiente que impacte en distintos tipos de ahorro: económico, de tiempo, de mano de obra y de recursos materiales, entre otros.
Optimizar no significa simplemente usar menos material, sino utilizar el sistema adecuado para construir de manera segura, eficiente y repetible.
V.I.: ¿Cuáles son las tendencias en ingeniería estructural para desarrollos de uso mixto y de gran escala?
JACG: Hoy en día pueden identificarse cuatro tendencias que probablemente se mantendrán, al menos, durante el próximo año:
Mayor integración entre disciplinas, particularmente entre arquitectura, ingeniería estructural, otras especialidades de ingeniería y el área financiera. Esta colaboración permite optimizar procesos, tomar decisiones mejor fundamentadas y anticipar interferencias desde las etapas tempranas de los proyectos.
Uso creciente de sistemas híbridos y materiales prefabricados o de ingeniería, con el objetivo de optimizar claros, reducir peso, agilizar los tiempos de montaje y mejorar la constructibilidad. Cuando están correctamente diseñados y detallados, estos sistemas también pueden ofrecer un buen desempeño ante acciones sísmicas.
Mayor medición y reducción del carbono incorporado en las estructuras, mediante herramientas de análisis de ciclo de vida, una mejor especificación de materiales y, en determinados mercados, incentivos o mecanismos económicos vinculados con las emisiones.
Optimización estructural con una visión más integral, que va más allá de reducir el uso de materiales. El objetivo es desarrollar edificios más eficientes, con menos interferencias, una mejor respuesta ante las cargas y el apoyo de software avanzado que permita resolver desafíos de mayor complejidad, sin comprometer la seguridad ni el desempeño estructural.
V.I.: ¿Cuáles son las diferencias normativas y de proceso entre México y Estados Unidos, y qué puede aprender cada mercado del otro?
JACG: Aunque México y Estados Unidos comparten muchos principios de diseño estructural, existen diferencias importantes en la forma en que se desarrollan y aplican las normas, así como en los procesos de diseño, fabricación y construcción.
En Estados Unidos existe una fuerte cultura de estandarización, investigación, certificación de productos y control de calidad, apoyada por instituciones que desarrollan códigos, pruebas y criterios técnicos de aplicación muy amplia.
México, por su parte, tiene una experiencia muy valiosa en diseño sísmico y en sistemas constructivos de concreto y mampostería, en gran parte debido a las condiciones sísmicas del país y a la diversidad de métodos constructivos que se utilizan. Esto ha llevado a los ingenieros mexicanos a desarrollar una gran capacidad de adaptación y resolución de problemas.
Ambos mercados pueden aprender uno del otro. México puede seguir fortaleciendo la estandarización, la trazabilidad y el control de calidad de materiales y procesos constructivos, mientras que Estados Unidos puede encontrar valor en la flexibilidad, la experiencia sísmica y la capacidad de adaptación que caracterizan a muchos ingenieros mexicanos.
Al final, combinar una ingeniería bien estandarizada con una capacidad sólida para resolver condiciones particulares permite desarrollar proyectos más seguros, eficientes y constructibles.
V.I.: ¿Cuáles son las principales diferencias que ha encontrado entre los sistemas constructivos de Estados Unidos y México?
JACG: Una de las principales diferencias entre los sistemas constructivos de ambos países es que, en Estados Unidos, existen medidas estandarizadas para garantizar la calidad de los materiales utilizados. Por lo general, estos son prefabricados y únicamente se ensamblan, además de clasificarse de acuerdo con su resistencia y otras características, con el objetivo de elegir la madera o el acero adecuados para cada proyecto arquitectónico.
En México todavía existe una mayor presencia de procesos de fabricación y construcción con una fuerte participación de la mano de obra y distintos niveles de estandarización, dependiendo de la región y del proveedor.
V.I.: ¿Considera que México cuenta con materiales de calidad y competitivos a nivel mundial?
JACG: En México hay recursos naturales para producir materiales de calidad, así como capacidad de ingeniería, talento, proyectos y desarrollo.
El reto está en ampliar y homologar la estandarización, la certificación, el control de calidad y la trazabilidad de los materiales entre regiones y fabricantes.
Hoy en día, existen empresas mexicanas que ya han comenzado a estandarizar e industrializar sus productos de manera formal para garantizar su calidad y resistencia.
V.I.: En un país como México, donde la autoconstrucción es más común de lo que parece, ¿qué acciones recomendaría realizar para convertir esta práctica en algo más seguro?
JACG: Lo más importante sería proporcionar instrucciones básicas y capacitaciones para saber cómo debe construirse una casa o un edificio. También deberían existir normas técnicas accesibles para todos, que puedan consultarse antes de comenzar una obra.
Los permisos deberían requerir una revisión técnica adecuada antes del inicio de obra y posteriormente inspecciones en etapas críticas de la construcción.
Lo ideal sería inspeccionar desde antes, cambiar el rumbo de la construcción de viviendas unifamiliares o multifamiliares cuando existan riesgos importantes y establecer normas técnicas e instrucciones claras que especifiquen los requerimientos mínimos recomendados en procesos y resistencia de materiales, principalmente en zonas como la Ciudad de México, que presenta una alta actividad sísmica.
V.I.: ¿Cuáles considera que han sido los mayores retos al momento de intentar posicionar la ingeniería mexicana bajo los mejores estándares del mundo?
JACG: Posicionar el talento mexicano en Estados Unidos fue retador, pero no imposible.
El proceso comenzó con la adaptación a los sistemas constructivos del país, sus sistemas de unidades, sistemas estructurales, normativas y códigos de diseño locales, así como a los procesos a los que están acostumbrados.
La relación con los clientes también representa un reto, porque el idioma es distinto y es necesario comunicarse con claridad para hacer negocios, generar networking y crecer como firma.
Sin embargo, las redes sociales, la creación de contenido y formar parte de organizaciones y asociaciones relacionadas con el sector de la construcción han ayudado a conocer a las personas adecuadas. Lo más importante es tener las metas claras y mantenerse abierto a las posibilidades.
La ingeniería estructural, cuando se integra correctamente, permite tomar mejores decisiones desde las primeras etapas de un proyecto, definir sistemas constructivos, elegir materiales adecuados, reducir tiempos de obra y evitar modificaciones costosas.
De esta manera, es posible desarrollar proyectos arquitectónicos eficientes sin comprometer la seguridad de quienes participan en su construcción ni de quienes posteriormente los habitarán.
Además, puede aplicarse tanto en proyectos de gran escala como en desarrollos pequeños, por lo que resulta recomendable considerarla desde las primeras etapas de planeación de cualquier nueva construcción.
Esta conversación con José Antonio Cadena nos deja aprendizajes relevantes sobre el valor estratégico de la ingeniería estructural dentro de cualquier proyecto constructivo. Más allá de garantizar seguridad y estabilidad, su correcta integración permite optimizar materiales, anticipar riesgos, mejorar procesos y tomar decisiones más eficientes desde las primeras etapas.
También evidencia la importancia de avanzar hacia una mayor industrialización, estandarización y colaboración entre disciplinas, aprovechando al mismo tiempo la capacidad técnica y la experiencia del talento mexicano. En un sector que evoluciona hacia proyectos cada vez más complejos, eficientes y competitivos, fortalecer la ingeniería desde la planeación será clave para construir con mayor certeza y visión de largo plazo.